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El clon no es cría, es copia, y las cosas sin límites son malas – Gonzalo Pieres

Gonzalo Pieres es un pionero de la cría de caballos de polo en la Argentina. Ellerstina , su creación, llegó a convertirse más que un equipo de polo en la organización más grande del mundo. No hubo un equipo en el Abierto de Palermo que no haya tenido algo de la genética de Ellerstina en los palenques. Siempre a la vanguardia en materia de reproducción, Gonzalo es uno de los pocos que no se subió al furor que explotó de la clonación. Lejos de ello, pone serios reparos a esta metodología.

Gonzalo es el padre de Gonzalito, Facundo y Nicolás y es tío de Pablo, el cuarteto de Ellerstina que  enfrenta a su histórico rival La Dolfina, el equipo de Adolfo Cambiaso, precisamente quien está llevando al extremo esta técnica, por ejemplo al jugar seis clones de Cuartetera en un mismo partido. Otrora discípulo de Pieres como jugador y como criador, Cambiaso en un momento eligió forjar su propio camino, como jugador y como criador, hasta convertirse en un figura casi antagónica, algo que queda expuesto todavía más con el tema de la clonación.

«Nosotros somos criadores. El clon no es cría. El problema es que es copia, y las copias no siempre son buenas. ¿Dónde está el límite?», se pregunta Gonzalo. «Las cosas sin límite son malas. En la reproducción embrionaria hay un límite. Una yegua puede dar hasta ocho embriones por año, que tampoco es bueno que salgan tantos, pero tiene un límite.»

Pieres advierte el peligro que entraña la clonación para los criadores: «Cuando el límite lo pone el laboratorio y no el criador, el tema va a terminar en manos de gente que no lo va a saber manejar. En este momento parece exitoso, pero cuando pase eso va a ser muy caro para los criadores.»

Además, el nueve veces campeón del Abierto (seis con La Espadaña y tres con Ellerstina), reclama por una regulación. «La mayoría de los caballos que están siendo clonados salieron de Ellerstina, pero no tienen ningún derecho de patente. Las yeguas clonadas más famosas, la Cuartetera y la Lapa, son cría de Ellerstina vendidas a La Dolfina como embriones», contó Gonzalo. «Si copiás un cuadro y lo vendés, vas preso. Con la clonación, no pasa nada. Tendría que estar limitada y el dueño tendría que tener un derecho a su marca. Los laboratorios van a ganar esa batalla, se van a quedar con células de todos con un fin muy malo. Me da la sensación de que va a hacer daño a mucha gente».

Así, Ellerstina tiene un desafío doble en materia de cría. De un lado, mantenerse en el nivel más alto sin recurrir a la clonación. Además, debe montar a tres jugadores (Gonzalito, Facundo y Nicolás) y contribuye con la caballada del cuarto, Polito, que también recibe caballos de Mariano Aguerre, cuñado de los otros tres y coach del equipo. Dos diferencias con La Dolfina, cuyos jugadores tienen cada uno su organización y además cuentan con muchos caballos que no son de su propia cría.

Cada jugador tiene 15 o 16 caballos para la temporada y lleva unos 12 al partido. La cantidad y calidad de los caballos hace que no necesiten repetir más de dos o tres por jugador. Algunos jugarán un chukker, otros dos; raramente alguno juegue un chukker completo, aunque Open Guillermina, de Nicolás, suele hacerlo en las finales, y Open Zeta Jones, de Gonzalito, también en la reciente semifinal contra Alegría. ¿Cómo determinan qué caballo utilizará cada jugador? «Antes lo decidía yo. Ahora los prueban y lo deciden entre ellos, e incluso se van pasando», responde Gonzalo.

Ellerstina y una historia distinta a la de La Dolfina en materia de caballos. Una diferencia más.

Por: Alejo Miranda
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