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“CAMBIO DE CHIP”

Con este título di una charla en Barcelona cuando me solicitaron que explicara el polo argentino hace ya más de siete años. El tiempo pasó, y hoy vuelve a mi memoria aquella definición al escuchar,  primero, un reportaje que Clickpolo le hizo a Juancarlitos y Alfredo Harriott y luego, viendo partidos por TV de las copas de 20 goles en Palm Beach en esta temporada. El título que puse en aquél momento, aún sigue vigente.

Los Harriott mencionaban que el polo que jugaban en su época era más entretenido para los espectadores al ser de extrema velocidad, pegando de primera, cruzando la cancha en no más de 4 golpes. Afirmaban que a ningún jugador se le ocurría cambiar ese atractivo modo de jugar.

Hoy el polo es totalmente contrapuesto al de aquel entonces, muchas jugadas individuales, con protagonistas que se olvidan que tienen compañeros prestos para recibir un pase, con falta de anticipación para desprenderse rápido de la bocha con un  objetivo definido. Solo se trata de marcar al que está en posesión de la bocha y el resto deambula sin marcar a nadie, etc, etc.

Alfredo Harriott menciona en la nota que todo lo dicho es producto de que se juega fuera de Argentina y durante muchos meses, un polo limitado en hándicap, con patrones de 0 ó 1 gol más un jugador  de bajo hándicap y otros dos de envergadura, es decir, en la práctica se transforma en un  2 contra 2.
Con ese polo, los jugadores de mayor hándicap deben mantener la posesión de la bocha, porque si se desprenden de ella en un pase a los de menos hándicap significa entregársela al contrario. Asimismo, se juega mucho más al foul que al polo, transformando el match en algo totalmente anodino, falto de brillo, lento, donde los chukkers no pasan nunca, etc., etc.

Desde siempre es eso lo que se ve en partidos en los EEUU, Inglaterra, Sotogrande, para mencionar a los torneos de más jerarquía fuera de nuestro país.

Ahora viene lo relacionado con el título: Cuando esos jugadores de alto hándicap llegan a Ezeiza, comenzando con las prácticas para ponerse a punto tanto ellos como sus caballos con miras en la Triple Corona y copa de alto hándicap como la Cámara de Diputados o la Municipalidad de Pilar (siendo esos cinco torneos los de más envergadura a nivel mundial); se olvidan de guardar en la mesa de luz el chip del polo que venían jugando y reemplazarlo, como correspondería,  por el del alto polo.

Es decir que cuando juegan el  máximo nivel, siguen con el vicio de polo de 26 a 20 goles que mencioné anteriormente.

Vemos que en los abiertos más importantes falta público y es lógico que eso suceda ya que no hay espectáculo. Puede haber adrenalina si el partido es parejo. Pero nada más. Las jugadas de calidad colectiva prácticamente no existen.

Al respecto, Juan Carlos Harriott menciona en ese reportaje aludido al comienzo, que en la última final de Palermo entre los dos mejores equipos, La Dolfina y Ellerstina, se entusiasmó al observar que comenzaron a jugar ese polo vistoso y efectivo pero luego se decepcionó ya que  “lamentablemente eso duró no más de tres chukkers, luego volvieron al polo cerrado e individual”.

La conclusión es la siguiente: Sólo cuando los jugadores decidan que deben cambiar de chip para jugar en nuestro país, el polo argentino volverá a ser el que todos deseamos ver. Al respecto, reitero lo que escribí en mi anterior nota en esta web: “Para que el polo que se juega sea vistoso y atractivo, solo los jugadores tienen última palabra”.

Héctor Martelli

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