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HISTORIA DEL POLO-PARTE IV

EL POLO MILITAR

Casi desde los comienzos del polo en la Argentina, el polo Civil-Militar siempre estuvo estrechamente ligado, al ser los primeros oficiales que lo practicaron y en forma rudimentaria, invitados por socios del Hurlingham Club para hacerlo junto a ellos, se pudo comprobar las aptitudes y destreza como jinetes de aquellos del Colegio Militar.

Pero el gran entusiasta y precursor del polo castrense fue el entonces capitán Isaac de Oliveira Cesar, en 1894 jefe del Escuadrón de Caballería. Ocho años más tarde en el Boletín Militar, consta que el polo se instituye como disciplina oficial de la actividad ecuestre militar y en 1913 con la creación de la Asociación Militar de Polo en la Ciudad de Buenos Aires, aparece el representante del Ejército ante The River Plate Polo Association.

Anteriormente y en 1895, al salir la primera promoción de discípulos de Oliveira Cesar y destinados a distintas Unidades, cada uno de ellos llevó sus rudimentarios conocimientos del juego, comenzando las lucha con ciertos jefes conservadores, quienes se oponían a  instituirlo en sus unidades. En ese mismo año se jugó el primer partido de polo en un regimiento y fue en el 2 de Caballería en la Ciudad de La Plata.

No en todos los regimientos se podía jugar polo, por falta de número, pero donde llegó un alumno de Oliveira Cesar, en aquellos donde estaba permitido, se taqueaba.

Poco a poco, aunque con altibajos, el polo militar fue creciendo y egresaron oficiales jugadores de la talla de Galán Quiroga, Samuel A. Casares y Alberto de Oliveira César y se pasó de una lista inicial de 12 y 14 jugadores a comienzos del siglo XX, a una de 115 en 1925, llegando al final de esa década a 230, la mayoría del arma de Caballería pero también de Artillería. En 1920 se reglamentó la práctica anual y se proveyeron 20 animales aptos por Unidad y 10 por Instituto y al año siguiente se instituyó la “Copa Presidente de la Nación”, con la participación de equipos de guarniciones del interior, jugándose en Buenos Aires.

Hecha esta breve reseña histórica de los comienzos del polo militar. Es más importante destacar y de sobremanera, la influencia que tuvo en el fomento del polo del interior, debido a que donde existiera una cancha, allí practicaban tanto oficiales como civiles. Lamentablemente muchas ya no existen, como las de Neuquén y Junín, por nombrar algunas; pero teniendo como contrapartida que otras son las únicas, o casi únicas, como la de San Martín de los Andes, Salta o Azul, por ejemplo.

En este capítulo sería injusto no mencionar al Comando de Remonta y Veterinaria, que pasó por previas denominaciones. Primero en 1916 como Remonta, Campo de Maniobras y Propiedades. En 1924 se creó la dirección de Remonta y en 1964  la Comisión de Fomento del Caballo de Guerra, declarándose de interés nacional la cría  equina, asignando para ello los Haras Gral. Lavalle, Pringles y Urquiza.

El fomento de la cría del caballo de polo estuvo incluida y la Dirección proveía de reproductores, tanto machos como hembras, a los criadores civiles que lo solicitaban y también, haciendo concentraciones de animales provenientes de esas crías, para ser comprados como caballo de tropa.

Para finalizar y como civil que jugó polo en el interior en canchas militares y atendió como veterinario a manadas con reproductores provistos por Remonta, puedo afirmar que, la labor del Ejército Argentino en el fomento de este querido deporte fue y es encomiable. Debiéndose destacar, aunque estemos viviendo épocas de restricción presupuestaria para las Fuerzas Armadas,  que en la actualidad existen 18 clubes militares en el interior, el Club Hípico Militar San Jorge en Hurlingham al norte y el conocido Palermo.

Héctor Martelli

 

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